sábado, 10 de noviembre de 2012

Otra vez bajamos a segunda, amor.


Que yo estoy aquí, al pie del cañón, pero tú estás a años luz, perdido entre recuerdos que calan hasta los huesos y caricias baratas. Y lo siento si siempre he sido de arriesgarlo todo en apuestas sin fundamento y esta vez lo único que quiero es que alguien se la juegue por mí. Que aunque he perdido el doble de veces de las que he ganado nunca me ha dolido tanto a quemarropa el corazón como cada vez que mi sexto sentido me grita que esta vez lo tengo todo perdido contigo, por muchos argumentos que tenga para ganar. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

I was over, until you kissed my lips and you saved me.

No sé si vamos por el camino correcto o hace ya bastante que perdimos el norte. Si te digo la verdad, no me importa demostrarte que me queda todavía un mínimo de cordura para prometerte que voy a estar ahí, al filo del precipicio cada vez que creas que vas a caer. Que no sé si nos merecemos esto o es más de lo que necesitamos, más de lo que cualquiera habría dado por nosotros, pero no me importa. Y es que yo era de jugarme la boca en apuestas de alto riesgo que ya había perdido antes incluso de apostar, de ir perdiendo la vergüenza copa a copa y de ir recuperando el orgullo beso a beso; y tú eras más de tener los pies en la tierra, aunque en el fondo estuvieses deseando soñar. Así que no me importa si hemos perdido el norte, total, yo llevo perdida en tu mirada desde el primer beso y tú en el filo de mis labios desde la primera vez que te sonreí.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Ellos eran más de echarlo a suertes que de darlo todo por perdido.



Y se comían a besos en medio de la calle mientras la lluvia de un Noviembre frío los calaba hasta los huesos, pero no los importaba, porque estaban perdidos en cualquier lugar lejano planeando cómo sacarse las sonrisas a cosquillas cuando todo fuera mal y cómo declararse la guerra con miradas de esas que los hacían acabar perdidos entre las sábanas. Y es que siempre que estaban juntos preferían escapar, deshacerse del mundo, buscar la locura en cualquier lugar. Dicen que los amores locos nunca acaban bien y que lo único que dejan son las cicatrices más perfectas y más dolorosas que jamás podremos borrar, pero ellos siempre fueron de apostar a un “todo o nada” y habrían preferido que los recuerdos apareciesen por sorpresa cada puto Noviembre para recordarles que ya no estaban juntos a haber salido corriendo en dirección contraria cuando empezaron a quererse más de la cuenta.

domingo, 28 de octubre de 2012

Todos necesitamos a alguien que cuide de nosotros.


Y te cuentan que el olvido no me sienta mal pero la verdad es que últimamente echo de menos hasta un poco de cariño de ese barato que sólo me regalabas cuando no quedaba de whisky ni el culo de la botella. Y es que todos necesitamos a alguien que nos cuide, y yo necesito a alguien que esté ahí al filo del precipicio para decirme al oído “Frena, que ya has caído muchas veces”, alguien que me haga perder la cabeza solo con oír su voz, alguien que necesite sólo dos sonrisas y una mirada de reojo para hacer que el mundo se pare en seco y se niegue a empezar a girar otra vez. Necesito a alguien que sin ni si quiera saberlo me importe más que saber si esta noche salen las estrellas o no se acuesta el sol. Yo lo que necesito es a alguien que haga de mis noches las mejores, no a alguien que se largue a las cinco de la mañana sin dejarme ni si quiera un “Buenos días” mal escrito en un papel, como tú solías hacer.

Puede que no sea la chica perfecta, pero tiene una sonrisa que nunca falla.



Y cuando por fin ha conseguido mirar al frente llega Noviembre con su jodido frío invernal y con los recuerdos que llevan congelados desde entonces. Y no sabe si lo que le duele es el tiempo que pasó entre las sábanas de su cama o el tiempo que hace que ya no necesita sus besos de alquiler. Pero por mucho que el frío le cale los huesos sólo tiene que sonreír para que salga el sol, y esa historia se la sabe de memoria desde que lo único que necesita son unos tacones de vértigo y esas miradas magnéticas para hacer que el universo gire a su antojo. Porque tiene la suerte de su lado, la primavera colgando de las pestañas y la mejor sonrisa de la que jamás nadie se halla enamorado. Porque ahora que ha comprendido que los límites son para los cobardes va mirando al frente y sin frenos, y esta vez tiene claro que no se piensa estrellar.